Caso de ética
Supongamos una universidad. Y supongamos una señora que trabaja en una de las cafeterías. La señora va para la universidad por la mañana cavilando como siempre, pensando guevonadas, aunque claro, como autor prefiero no decir en que guevonadas está pensando, ésto para no ser condescendiente con mis lectores, y además si digo en que va pensando inevitablemente no falta quien crea que ese es mi dialogo interno, no el de mis personajes, a mi nadie me toma en serio cuando creo personajes con mucha riqueza interior.
Pues bueno, sigo con el ritmo frenético de mi narración. La señora entra a la universidad, y apenas al entrar, 300 metros antes de llegar a su cafetería se encuentra $20,000. Se los encuentra lejos de su puesto de trabajo, mira a todos lados y no hay nadie por ahí estorbando a sus necesidades y a su fortuna, es que ella de verdad busca al posible dueño y no ve a nadie, pura desolación, definitivamente es una señal y los 20,000 la estaban esperando a ella.
La señora se pone muy contenta, es que hijueputa esa es la felicidad, o debe serlo, uno encontrarse $20,000 en la calle. La señora pasa una jornada feliz, nada la atormenta ni la molesta, sus compañeros no saben por qué, pero ella está risueña atendiendo a la gente, en la cafetería creen que está muy enamorada, algunos empiezan a imaginarse cosas de su vida sexual, incluso uno de los trabajadores se pone un poquito triste y con gesto de añoranza, porque le parece que ella está muy buena y las cosas no han estado fáciles para el, se la empieza a imaginar y es ahí sirviendo tintos cavilando el también, como ella cavilaba por la mañana. El caso es que ella está radiante y no es para menos, ella está tan radiante como puede estarlo alguien que se encuentra toda esa plata en la calle. Por decirlo de alguna manera: a ella se le materializo la idea del paraíso, y en vida, que es algo que uno con su visión de corto plazo agradece mucho.
Pero llega la tragedia seis horas más tarde, es que como dice la canción "pero esa nube nunca se va", y la tragedia llega en forma de un muchacho desesperado y preocupado, alguien que cualquiera describiría como "un muchacho que estaba como en una búsqueda desesperada", un man con cara de mala suerte y muchos problemas llega a la cafetería y le pregunta precisamente a ella sin ninguna fe "oí, ¿de puro milagro nadie ha traído un billete de 20,000 que se me perdió?".
No son lo que parecen...
Hace 7 meses